Mujeres uruguayas en una nueva ruralidad
por Ing. Agr. Andrea Maddalena
Visiblemente protagonistas de los paisajes rurales, en un tiempo que augura conquistas de una mayor participación en la vida pública del país, las mujeres rurales han comenzado a salir de “las casas” al “predio” sumando, a las tareas del hogar, el trabajo de campo, identificado con la productividad, la toma de decisiones, la rentabilidad y autonomía económica.
Hoy llevan adelante proyectos de vida antes reservados para los hombres y roles sociales que dignifican la calidad de la familia rural toda. Asalariadas, productoras, dirigentes de gremiales y cooperativas, profesionales del agro, mujeres que han luchado en silencio, para sostener empresas familiares, en momentos de crisis y dificultades económicas, particularmente en el sector agropecuario.
Las diversas organizaciones de mujeres rurales del país están distribuidas en rubros productivos, diversos, en todo el territorio nacional. En sus plataformas tienen un gran componente social, donde se busca mejorar la calidad y masificación de sus productos incidiendo en la mejora de las condiciones de vida de las mujeres, de su propia familia y la comunidad donde viven; también infraestructura y bienestar material y sanitario.
Entre las asalariadas, las mujeres rurales vienen participando en todas las actividades; en la ganadería es más frecuente encontrarlas de caseras, responsables de la limpieza y cocina del personal, menos habitual es hallarlas entre la personal de campo. En la forestación y citricultura ocupan posiciones que exigen una motricidad fina y sentido del cuidado, como en viveros y recolección de frutas.
En la agricultura y lechería se las encuentra acompañando la adopción de tecnología, capacitándose para manejar maquinaria, en plantas de silos, en laboratorios de semillas, en controles de calidad, entre otras actividades vinculadas a dichos rubros de producción.
Hoy la forestación, es un sector donde la innovación tecnológica ha promovido una mayor participación de mujeres en sectores de producción, el acceso facilita oportunidades para capacitaciones y empleabilidad.
También se evidencia la participación de mujeres organizadas en el rubro de la pesca, consolidando emprendimientos que les otorgan autonomía económica y diversificación en la producción acuícola.
Hay muchos ejemplos de productoras que lideran emprendimientos productivos que destacan conocimientos locales en tejidos, hierbas aromáticas o farmacológicas, en el desarrollo de dulces con frutos nativos, etc. En gremiales hay mujeres dirigentes con agendas propias, las hay también entre las colonas y en cooperativas agrarias.
En el novecientos, cuando se abrió la carrera de ingeniero agrónomo fue exclusivamente para hombres fuertes, con determinada altura, peso y fortaleza suficiente que permitiera desarrollar el trabajo de transformación del mundo natural al del paisaje agrario.
En la actualidad, la equiparación entre hombres y mujeres que obtienen títulos universitarios en Agronomía y Veterinaria es un significativo indicador que la igualdad de oportunidades para acceder al conocimiento y al mercado laboral atenúa inequidades en todos los ámbitos de la vida.
A partir del 2001 (Ley 16074) hasta la fecha, los derechos de los/as trabajadores/as rurales se han ampliado con la adopción de normas generales o específicamente dirigidas a ellos/as. Las mujeres han sido protagonistas indiscutidas de dichos logros, también a nivel del Código Rural vigente. La implementación del Plan Nacional de Género de las Políticas Agropecuarias es un avance importante; la incorporación de la perspectiva de género garantiza una mayor y mejor participación de las mujeres en un sector de alta complejidad y productividad para la economía del país.
Valorar e interpretar las reales necesidades de las mujeres del interior del país y de la nueva ruralidad, nos compromete como Estado y sociedad civil organizada. Aún falta mucho por hacer en relación a políticas de financiación -pública y privada- enfocadas específicamente a las empresas pequeñas y medianas lideradas por mujeres rurales.
La agenda histórica de las mujeres rurales prioriza la autonomía económica, capacitación y formación, desarrollo tecnológico, derecho al ocio y tiempo libre; acceso a la tierra; salud integral; prevención de la violencia basada en género; cuidados; cambio climático y género; turismo rural, entre otros. Las mujeres son agentes de cambio que impactan directamente en las comunidades donde se desarrollan y dignifican su vida.
Actualmente el índice de masculinidad en el Uruguay rural se mantiene 130 hombres cada 100 mujeres desde hace cincuenta años; la emigración por pautas culturales establecidas excluyen a las mujeres de la producción – a pesar de los avances a nivel de organizaciones y capacitaciones – que han demostrado consolidar de manera sostenida en las últimas décadas. La tasa de desempleo es mayor que la de los hombres y cuando encuentran empleo en el sector agropecuario, su remuneración es menor.
Los siglos han cambiado, también los problemas, pero para las mujeres rurales, persiste la vida como reto. Un merecido homenaje a todas ellas, a las mujeres dragones de vincha, sable corvo y pie desnudo que describe Acevedo Díaz como a las de este nuevo tiempo que siguen dignificando el valor del trabajo y la vida rural desafiando a aquellas mujeres imaginadas por la literatura gauchesca y las que construyen la cotidiana realidad social y productiva en nuestro Uruguay profundo del siglo XXI.







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