El incremento de la participación laboral de las mujeres es una tendencia consolidada en el mercado de empleo del Uruguay y al mismo tiempo, persisten las desigualdades de género que generan inequidad en el acceso, la permanencia y ascenso de las mujeres en el mercado de trabajo existente.
La brecha salarial, la segregación laboral, la presencia de hijos como factor inhibitorio de la participación, y la distribución inequitativa del trabajo no remunerado en el hogar, son variables significativas que explican las desigualdades.
Entendemos por trabajo no remunerado (TNR) las tareas domésticas del hogar, los cuidados de niños/as y personas dependientes, el trabajo que se brinda a otros hogares sin recibir remuneración y, también, el trabajo voluntario. Se trata de una actividad económica brindada de forma no paga y permanente en las dinámicas familiares. Esta carga representa dos tercios del tiempo de trabajo de las mujeres (64,6%), mientras que el tercio restante refiere al trabajo remunerado (35,4%).
Esta categoría de trabajo genera bienes y servicios de forma sistemática pero ha quedado históricamente, encubierta e invisibilizada en el sistema económico; es decir, no forma parte de las cuentas nacionales. Según estudios realizados en nuestro país, desde el 2013 el trabajo no remunerado contribuyó en 22,9% al PBI, del cuál 16,1% corresponde al trabajo no remunerado de las mujeres y solo el restante 6,6% corresponde al aportado por los varones.
La participación de las mujeres en esta actividad económica es casi dos veces más que la de los varones. En términos de una semana laboral , la carga para las mujeres es del 37,5% mientras para los varones es un 19,5%. La tasa de actividad disminuye notoriamente para las mujeres al aumentar la cantidad de hijos e hijas en el hogar pasando de 85,9% para las que no tienen hijos a 65,6% si tienen tres o más. Para los varones no se identifican cambios significativos. Esto evidencia que la carga de cuidados recar mayoritariamente en las mujeres *
El trabajo de cuidados comienza a edades muy tempranas para las mujeres, impactando directamente en el desarrollo de las trayectorias educativas de adolescentes y mujeres jóvenes. El 14,2% de las adolescentes dejan de asistir a liceos por embarazo, otro 4,6% lo hace por necesidad de atender asuntos familiares y un 1,7% porque debe hacerse cargo del cuidado de menores de 12 años.**
El contexto de pandemia por COVID-19 ha agravado varios factores, las mujeres han tenido que conciliar, en sus domicilios, horas de trabajo remunerado y no remunerado, especialmente para el cuidado de su descendencia u otras personas a su cargo.
Se plantea como un gran desafío, para las políticas públicas, diseñar e implemetar acciones que reconozcan, visibilicen y redistribuyan la carga de trabajo no remunerado.
Los factores de cambios identificados son algunas de las leyes aprobadas que permiten asegurar mejores condiciones de trabajo: Ley de trabajo doméstico; Ley de Acoso sexual (para algunas mujeres) y Ley de subsidio para cuidados (redestribuir el trabajo en el hogar y Ley de Sistema Nacional de Cuidados.
El cambio cultural debe ser promovido por las políticas de Estado, pero también por el sector privado, los sindicatos y la sociedad toda. Posicionar el trabajo no remunerado como inversión social es apostar a una sociedad más igualitaria , más inclusiva y más próspera.
Avancemos para reconocerlo; compartamos para redistribuirlo y actuemos para reducirlo, eliminar desigualdades entre mujeres y hombres construye ciudadanía, aporta al crecimiento económico del país y mejora la calidad democrática.
* Dato del Sistema de Información de Género en base a la Encuesta Contínua de Hogares, 2019 INE.
** Encuesta Nacional de Juventudes (2018)
Ing. Andrea Maddalena
Prosecretaría Nacional de Políticas de Género








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