En el día de hoy se celebra el Día Internacional de los Derechos Humanos con motivo de la adopcion de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948. La Declaracion Universal constituye un hito en la historia de la protección jurídica de los derechos humanos habiendo sido adoptada en aquella oportunidad por un grupo de 50 Estados en los cuales se encontraba Uruguay.
En forma armónica con la relevancia y proyección de este documento universal, el Uruguay en el año 2003 a travez de la ley 17716 estableció «de interés general que el sistema educativo procesa a exaltar el contenido de la Declaración Universal de los Derechos Humanos cada 10 de diciembre», fecha en la cual se conmemora a nivel mundial el aniversario de su adopción.
Ahora, como sabemos, hoy no se celebra solamente aquel acontecimiento de 1948 unilateralmente; sino que conmemoramos esa fecha como un mojón fundamental en la construcción de los derechos de todos los seres humanos a lo largo de la historia de la Humanidad. La lucha por los derechos humanos está documentada desde hace 5000 años, de hecho, el primer documento encontrado es el «Cilindro de Ciro», una pieza cilíndrica de arcilla en el que relata la conquista, por parte del Rey Persa «Ciro el Grande», de Babilonia, y allí declara la abolición de la esclavitud en aquellas tierras recientemente conquistadas. Más tarde las Carta Magna firmada por el Rey Juan I de Inglaterra en 1215, en el que se pretendió equilibrar el poder, y reconquistar la paz, entre el soberano y el pueblo subyugado, defendiendo los derechos eclesiásticos, la justicia inmediata, entre otros.
La Declaración de Independencia de los Estados Unidos, aquel brillante documento redactado por Thomas Jefferson en 1776, en el que, entre otras cosas, declara: «sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados». Al igual que la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa en 1789, en el que se reconoce los derechos como la libertad, propiedad, seguridad, resistencia a la opresión, y el prinicpio de la soberanía por parte de la Nación.
Finalmente, en París, en 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas resuelve adoptar la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El documento está consituído por 30 artículos que refieren a derechos de naturaleza civil, política, económica, social y cultural. El mismo proclama los derechos inalienables de cada ser humano en forma independiente de su raza, color, religión, nacionalidad, orientación sexual, posición económica, o cualquier otra condición, siendo el documento que más se ha traducido en el mundo estando disponible en más de 500 lenguas.
Si bien la naturaleza jurídica de este documento es una «declaración», en forma mayoritaria la doctrina y por ende, la comunidad internacional, entienden que la Declaración Universal tiene carácter obligatorio para todos los Estados partes de la ONU. Entre otras razones porque se trata de un documento que desarrolla los derechos enunciados en la Carta de las Naciones Unidas, la cual adoptada tres años antes, en 1945, refiere a los derechos humanos pero no los desarrolla. La Declaración Universal viene entonces a desarrollar el contenido de esos derechos humanos cuyo respeto se erige como uno de los pilares de las Naciones Unidas. Siendo en los hechos un documento que opera de «guía» o ideal común de toda la Humanidad.
Este año en particular, las Naciones Unidas han utilizado el eslogan «todos humanos, todos iguales» para este 10 de diciembre. Ratificando el primer artículo de la declaración, «todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos». El principio de la igualdad, y la no discriminación, son esenciales en la consolidación de nuestros derechos; y de este modo prevenir el conflicto, construir resiliencia, y tolerancia. La Pandemia, en el mundo, significó un desafío en materia de derechos humanos, y por sobre todo demostró, a flor de piel, las desigualdades entre los diferentes países. En Uruguay sabemos que la Pandemia afectó de otra forma, primero porque es el país, socioeconómicamente hablando, menos desigual de América Latina, es el país que tiene mayor inversión pública social per cápita en el continente, y mantuvo, por sobre todas las cosas, la libertad responsable de cada uno de sus ciudadanos a los efectos de preservar la integridad física, psicológica y social.
Pero aún queda mucho camino por recorrer, como decía la Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y la principal impulsora de la Declaración, Eleonore Roosevelt: «En definitiva, ¿dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. […] Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana coordinada para defenderlos en nuestro entorno, nuestra voluntad de progreso en el resto del mundo será en vano«.








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